Finalmente es un hecho! A partir del 2 de enero no se podrá fumar en ningún lugar cerrado de Gachupilandia, ni en las inmediaciones de parques infantiles u hospitales. España ya en 2006 pudo haberse anotado todo un triunfo y colocarse a la vanguardia con su ley antitabaco, pero aprobó una ley bastante blandengue, parcial y poco firme, que además perdió fuerza y cumplimiento con el paso de los meses.
Para el que no esté enterado, en ella se intentaba dar cabida a todos, permitiendo locales fumadores si estos eran menores de 100m2. El problema y contradicción es que una ley antitabaco no es un capricho, sino una cuestión de salud pública. A esos lugares no solo asisten fumadores, sino sus familias, niños y trabajadores que no tienen ninguna opción para dejar de respirar aire contaminado.
Para el que no esté enterado, en ella se intentaba dar cabida a todos, permitiendo locales fumadores si estos eran menores de 100m2. El problema y contradicción es que una ley antitabaco no es un capricho, sino una cuestión de salud pública. A esos lugares no solo asisten fumadores, sino sus familias, niños y trabajadores que no tienen ninguna opción para dejar de respirar aire contaminado.
Volvamos un poco en el tiempo. ¿Se acuerdan de aquella época en la que fumar era guay? Incluso había sección de fumadores en aviones y autobuses. ¿Quién se podría imaginar entonces que fumar sería mal visto? ¿Quién hubiera concebido entonces un bar o discoteca sin fumadores?
En esa época vine por primera vez a España. Me llamó la atención cómo fumaba aquí la gente y me quedó grabada la imagen del bar típico, lleno de humo y con el suelo de la barra lleno de colillas. Y colillas había por todas partes, en las calles y banquetas, en el metro, en los andenes del tren… Una peculiaridad en España, es que la gente pedía (y pide) cigarrillos a desconocidos sin ningún reparo. Yo flipaba, pues mi dinero valía poco y las cajetillas costaban el doble que en México! Y optaba por guardar mi cajetilla en algún sitio no visible y decir que no traía.
Así es, nadie me lo puede contar: soy exfumador. Hasta hace 7 años me fumaba entre una y dos cajetillas al día. Sé bien lo difícil que es dejarlo, lo intenté innumerables veces. Sé lo que es buscar en cada cigarro un efecto que no llega más, tener el paladar quemado, los dedos amarillos y la ropa apestosa. Conozco la ansiedad de dejar pasar unos minutos “razonables” antes de encender el siguiente. De ver con preocupación que no es ni mediodía y tu cajetilla va a mas de la mitad. Sé lo incómodo que se está entre no fumadores. Sé cómo se asocia un cigarrillo a cada actividad: después de comer, antes de ir al baño, con un café… mas adelante no hay actividad que no relaciones con un cigarro.
Entiendo perfectamente la sensación de exclusión, persecución e impotencia que debe provocar ser segregado de todas partes. Pero no se puede defender lo indefendible. Cada quien decide fumar el primer cigarro de su vida, y cada uno de los que le sigue, y sobretodo, cada quien es responsable de ello.
Uno de los argumentos de los fumadores es la pérdida de libertades individuales. Pero no aplica porque no se está prohibiendo ni el tabaco ni su consumo, aunque sí se están restringiendo los sitios en los que se puede fumar. La libertad da cada quien termina donde empieza la de los demás.
Es muy sencillo, se vea como se vea fumar es un mal hábito. Repitamos: es-un-mal-hábito. Es antihigiénico, molesto y sobretodo NOCIVO. Es como tirarse pedos en público: desagradable, apestoso, molesto, de mala educación, de mal gusto, y que solo otorga placer al que se lo tira. Claro, con la enorme diferencia de que respirar una flatulencia no atentará contra la salud de nadie… así que ya puestos, casi prefiero que sea socialmente aceptable pedorrearse públicamente que fumar.
Los hosteleros argumentan que "la prohibición vaciará los lugares de ocio, estrangulando los negocios ya muy golpeados por la crisis económica". Pero vamos a ver, cualquiera que tenga dos dedos de frente sabrá que se fume o no, la gente seguirá yendo al cine, a comer, a tomarse un café y haciendo su vida diaria. Mas aún, los hosteleros deberían ver el ahorro que a la larga les representará en manteles y servilletas quemadas, en lavandería, en ceniceros, en limpieza, en pintura y mantenimiento, en extractores y un largo etcétera.
Por no mencionar que cada fumador se ahorraría unos mil euros al año si dejara de fumar, y que la sociedad ahorraría millones de euros en médicos, tratamientos, operaciones y medicamentos para todos aquellos que mueren o sufren de enfermedades crónicas derivadas del tabaco.
Hoy por fortuna la situación ha cambiado radicalmente. Fumar se va convirtiendo cada vez más en un hábito socialmente no aceptable.
Hoy por fortuna la situación ha cambiado radicalmente. Fumar se va convirtiendo cada vez más en un hábito socialmente no aceptable.
El otro día fui a una cena de unas 20 personas en un restaurante pequeño y con poca ventilación. Al terminar solo 3 de los 20 fumaron. Algunos no habían terminado de comer, pero como el sitio era fumador nadie se quejó ni dijo nada. Pero a mí me pareció de mala educación y poco sentido común. Ciertamente si esta escena hubiera tenido lugar hace solo 10 años, hubiese fumado mas de la mitad, y los no fumadores no se hubieran planteado problema alguno.
Pero no lo puedo evitar. Cada vez que salgo por ahí y me queman por accidente, me arden los ojos o se me seca la boca, deseo que llegue rápido el dos de enero!



















